Aterriza el avión en el aeropuerto Luis Muñoz Marín, y sin pensarlo dos veces todos aplaudimos en perfecta coordinación tan pronto sentimos que las gomas tocaron suelo boricua. "¡Bienvenido a Puerto Rico!" menciona la azafata y sin ella haber terminado sus palabras de agradecimiento por tan excelente viaje, ya el boricua se apresura en agarrar sus maletas y ser el primero en llegar a la puerta de salida. Eso de tener paciencia y calma son adjetivos que no se encuentran en el vernáculo de algunos boricuas. 20 minutos de espera, lo cual en tiempo boricua se define como 45 minutos de espera para que al fin se abran las puertas del avión y se sienta ese calor que sancocha a cualquiera. No puedo imaginar lo que me espera cuando esté afuera del aeropuerto en donde la mezcla del bullicio de personas y carros, con sus excesivas emisiones de gas me darán la verdadera bienvenida a Puerto Rico. Pero a pesar de todo, sonrío, estoy en Puerto Rico, la isla que a pesar de sus uno y mil problemas sigue siendo la Isla del Encanto como me enseñaron en la escuela desde chamaquito o como quieren llamarle ahora "La isla estrella".